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Teleférico de la Salève

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Leyendas e historias locales 

El teleférico del Salève

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El teleférico del Salève

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Levanta el vuelo para conocer la historia de este lugar imprescindible del Salève. Ponte cómodo y sumérgete en los secretos de esta estrella local, desde su creación hasta su renovación.

Vencer la verticalidad: UNA APUESTA DE LOCOS

Durante mucho tiempo, las vistas panorámicas únicas del Salève estuvieron destinadas a los senderistas aguerridos, pues solo se podía llegar a ellas por los senderos. Fue necesario estrujarse el cerebro para conseguir que el público general pudiese llegar a las alturas.

El tren cremallera fue la primera opción que se eligió para conquistar el relieve. Desde el principio tuvo mucho éxito, con su enfoque turístico y moderno. Así pues, transportó a los viajeros endomingados entre Monnetier y Les Treize Arbres desde 1892 hasta 1935. Más tarde, el tren también hacía parada en las estaciones de Étrembières y de Veyrier, gracias a un segundo tramo que se añadió en 1894 y que permitía a los ginebrinos visitar el Salève sin los inconvenientes de la aduana gracias a la zona franca. Tuvo mucha afluencia hasta 1912. Hay que decir que las vistas de la campiña ginebrina merecían el desvío y que los turistas contemplaban con admiración la icónica fuente de agua que Ginebra instaló en 1891. Con el impulso de este nuevo atractivo, numerosos vendedores de refrescos, hosteleros y hoteles se instalaron en el Salève para monetizar los momentos de descanso de los caminantes. Por desgracia, estalla la Primera Guerra Mundial en Europa y con el cierre de la frontera suiza comienza el declive de las visitas al tren cremallera. Cuando terminó el conflicto, no se consiguió saldar las deudas con el restablecimiento del tren cremallera. El futuro del tren cremallera estaba en entredicho.
Remolcar por tierra semejante máquina no era tarea fácil y, a pesar de la proeza que constituía el tren cremallera, la duración del trayecto es cuestionable en una época en la que empezaban a descubrirse las ventajas del automóvil: ¡los viajes en tren eran demasiado largos!
Se necesitaba una hora para llegar a la estación de arriba respecto a las tres que se tardaba andando… Esta problemática despertó la ambición de los ginebrinos. En los años veinte, el ingeniero Maurice Delessert tuvo una brillante idea: ¿y si creasen un «ferrocarril aéreo»?
Hicieron falta más de diez años para materializar esta innovadora propuesta. El empresario de Alta Saboya, Auguste Fournier, creía en el proyecto y lo financió.
Actualmente, todavía se pueden ver los restos de las obras de ingeniería del ferrocarril del Salève en la ruta de senderismo histórica «le Chemin du Funiculaire».

La vanguardia EN LA CIMA

Apoyado por cerca de 200 accionistas, Auguste Fournier se rodeó de un sólido equipo para construir con éxito lo que hoy se conoce como teleférico. Para conseguir la mezcla perfecta de arte y técnica, recurrió al teleferista francés André Rebuffel y al arquitecto suizo Maurice Braillard.

Mientras André Rebuffel se dedicaba a imaginar un contratiempo para resolver el problema del vano en un relieve conocido por ser poco estable, Maurice Braillard le daba sus aires modernistas y triunfantes. Desde los primeros esbozos, queda patente la singularidad del edificio: sobre la ladera del Salève, su eje iluminado desafía el vacío ante los ojos de todos los ginebrinos. Esta ambición tuvo sus detractores, no obstante, cuando se inauguró por todo lo alto el 23 de agosto de 1932, el teleférico del Salève fue un éxito entre los turistas. Impresionados por el contraste entre la suave subida aérea y la monumentalidad de la estación superior, los viajeros quedaban prendados con las maravillosas vistas. El 29 de octubre del año de la inauguración, el periodista Joseph Kessel escribió su opinión en el periódico Le Messager: «Era como un avión: las casas se volvían diminutas, el paisaje se hacía cada vez más grande, la armadía aérea subía deslizándose por ese increíble cable que sostenía nuestra vida. Un gran lago azul de curvas sinuosas, el campo verde y exuberante, montañas que se abrían paso a paso y, mirase donde mirase, el cielo velado, que se desplegaba ante mí mientras, acostado en las tablas temblorosas, colgado sobre un enorme abismo que se hacía más profundo a cada instante, me preguntaba acerca del espacio.»

Se necesitaba menos de diez minutos para acceder a este tesoro paisajístico y los visitantes se apresuraban para experimentar este viaje por los cielos al alcance de todos. Este periodo de esplendor llegó a un abrupto final en los años cuarenta, cuando los ociosos abandonaron el mirador, ahuyentados por las tropas alemanas que llevaban a cabo operaciones de vigilancia. Se suspendieron las visitas al teleférico y su puesta en marcha de nuevo se vio muy impactada por un competidor en pleno auge: el coche particular. En 1975, el teleférico del Salève fue abandonado por anticuado y deficitario, pero el recuerdo de los paseos dominicales queda grabado en el corazón de los ginebrinos.

Una colaboración franco-suiza TRIUNFANTE

Desprovisto de su fastuoso pasado, el teleférico presidía tristemente sobre lo alto de Ginebra. Sin embargo, a ambos lados de la frontera existía un fuerte deseo de devolverle su antiguo esplendor. Tras un estudio de mercado del barón Edmond de Rothschild, se vislumbró un futuro próspero y brillante para el edificio, que había sido comprado por la ciudad de Annemasse. Esto requería renovar el lugar por completo y la voluntad política se unió gracias a los esfuerzos conjuntos del cantón de Ginebra y del Consejo Departamental de Alta Saboya. Se cambiaron la estación inferior y la totalidad del sistema técnico. Solo la estación superior conservó su aspecto original, diseñado por Maurice Braillard. Los colores y la decoración han cambiado y los visitantes descubrieron amplias cabinas verdes con capacidad para 60 personas el día de la inauguración, el 6 de abril de 1984.

Los turistas podían evitar las carreteras sinuosas y los nervios para encontrar aparcamiento gracias a un espacioso parking. Los ginebrinos están encantados de volver a utilizar esta infraestructura y el teleférico se ha convertido en una visita obligada para los viajeros cosmopolitas. En 2007, la creación del grupo local de cooperación transfronteriza (GLCT), formado por el cantón de Ginebra, la aglomeración urbana de Annemasse y el municipio de Monnetier-Mornex, dio un impulso exponencial al número de visitantes. ¡Se pasó de 90 000 viajes en 2005 a casi 290 000 en 2018! El aire libre atrae a deportistas, artistas y senderistas mientras que la comodidad del teleférico permite que los más urbanitas podamos cambiar de aires rápidamente en un buen restaurante. Asimismo, el teleférico responde a nuevas demandas: desarrollo sostenible y accesibilidad para personas con discapacidad.

La forma de pensar y de vivir han cambiado, por lo que se decidió reducir la velocidad de las cabinas. ¡Hay que tener tiempo para inmortalizar el paisaje en una foto! La historia de este lugar turístico está marcada por la alternancia entre un resplandeciente vanguardismo y un mortífero abandono. Por ello, el GLCT quiso romper el ciclo y propuso una nueva experiencia a partir de 2023.

Teleférico 2023: UN PROYECTO DE ALTURA

¡Estábamos deseando contaros este proyecto! Cerrado desde septiembre de 2021, ¡el teleférico del Salève ha reabierto sus puertas el 12 de septiembre de 2023!

Como ahora pueden descubrir, el teleférico es una magnífica infraestructura turística que responde a las nuevas exigencias de calidad, sostenibilidad, comunicación y accesibilidad. Maurice Braillard lo había soñado, ¡y el estudio DDA architectes lo ha hecho realidad!

Cuna de la escalada, ¡ahora cuenta con un rocódromo de 20 m de altura! Grandes y pequeños pueden aprender más sobre este entorno clasificado como Natura 2000 gracias al espacio museístico de 150 m², pero también gracias a las actividades culturales y de ocio que se ofrecen en colaboración con la Maison du Salève. No olviden dar una vuelta por la terraza de 360° para disfrutar de una de las vistas panorámicas más emblemáticas de la región.

Desde 2024, el teleférico cuenta con una cafetería y un restaurante panorámico en la proa.
Y para dar vida a este espacio durante todo el año, una sala de seminarios ofrece a las empresas la oportunidad de trabajar en este entorno verde.

¡No lo dude más y descubra la nueva era del Teleférico del Salève!

Hostelería, deporte, senderismo, paisajes y cultura: en el Salève te esperan miles de recuerdos por crear.

Consulta toda la información en el sitio web del Teleférico del Salève.

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